martes, 29 de diciembre de 2009

Chenaut (Central Córdoba)

Vista desde la calle...

Interior de la vivienda del jefe...

Vista lateral del edificio y andén principal con su galería...

Balanza FCCC (la placa con los valores se colocó cuando la línea se estatizó en 1939)...

Interior del edificio: salamandra y banco que antiguamente se hallaba en la galería...

Boletería (en pésimo estado)...

Mapa de la red en explotación del FC Belgrano...

Enorme galpón de cargas...

Vista hacia Andonaegui...

Vista hacia A. de la Cruz, palo staff y tanque...

Mesa de comandos con inscripción FCCC

Tanque e hidrante...

Grúa elevadora de contenedores...

Desvío lateral hacia el galpón de cargas...

Grabado en palanca FC Rosario a Buenos Aires (en principio la línea de Rsario a Bs.As llevó ese nombre)...

Vista exterior del galpón de cargas con grabado del nombre de la estación en su techo...

Chapa del galpón con inscripción FCRBA traída de Inglaterra...

Vista interior del galpón de cargas (hoy un gran palomar): su piso de pinotea aún se conserva...

Vista interior del tanque de agua: ducha, bañadera que usaban los cambistas y señaleros...

Nomenclador...


Corredor Retiro - Rosario. Esta línea bajó a Bs. As desde Córdoba y el trayecto Rosario - Retiro se lo denominó en un comienzo como "Ferrocarril Rosario a Buenos Aires". Luego, previamente a la estatización de 1939, toda la línea pasó a llamarse "Ferrocarril Central Córdoba". En particular a este corredor, se lo llamó "Central Córdoba extensión a Buenos Aires".
Desde 1993 ya no corre ningún tren de pasajeros y sólo lo hacen los cargueros de SOE/Belgrano Cargas , que como es sabido está en las manos de José Pedraza. Las formaciones no se detienen en este paraje y las últimas operaciones que se conocen de esta estación fueron de la mano de Petrobras cuando la empresa contrató el servicio para transporte de químicos (con base en Chenaut).
Por otra parte, hubo trenes experimentales de pasajeros (de prueba). El resultado fue desastroso: los rieles estaban en tan pésimas condiciones que el andar de los coches semejaba a una aventura en la montaña rusa.
El jefe de estación, de nombre Roberto, está encargado del edificio y de reportar la hora de paso del ferrocarril, tanto a Rosario como a Buenos Aires. De su propio bolsillo depende la manutención de las instalaciones y hace un gran esfuerzo por lograr este objetivo. Con mucha amabilidad, nos mostró cada rincón de la estación y nos brindó información al respecto.
El perímetro del edificio está cercado con alambre, tranquera y candado para evitar la presencia de posibles usurpadores y/o rateros ya que Roberto no vive allí.

4 comentarios:

Marcos dijo...

A no desanimarse con el paisaje ferroviario que denotan tus muy buens imágenes! Pensá que por allí va a correr el Tren Bala! Al menos esa es la traza que se eligió para ello; estuve en Ingeniero Urcelay, de la misma línea, y que sería la primer parada del TAVE: actualmente es una tapera, pero esperemos que con el tiempo sea una gran estación ferroviaria...! (es mejor reir que llorar, realmente). Te dejo el abrazo de siempre, Marcos de Junin

Desviados dijo...

Por suerte, el tren bala parece que solo quedó en una quimera del gobierno. Nadie quiere licitar para llevar acabo ese empréstito. Quedáte tranquilo, el ferrocarril en la argentina va a seguir siendo tan malo como de costumbre sin ninguna clase de modernización. No va a ser malo y moderno..

JUAN S. dijo...

Exelente pagina amigos! Muy buen material!
Pueden visitar nuestro blog:

www.ferrocarrilentrerriano.blogspot.com

Luchemos para que esto vuelva! y que vuelva en serio!
Luchemos por nuestros ferrocarriles argentinos!

Un fuerte abrazo desde Paraná, Entre Rios!

tonio dijo...

El tren del pueblo
22 de abril de 2009 a la(s) 15:06

El tren del pueblo

Era el acontecimiento bisemanal que sacaba del letargo a aquel pueblo de quinientos habitantes. Pasaba a la mañana hacia la ciudad y regresaba por la tarde hasta la última estación del ramal. Como yo concurría a la escuela a la mañana, en horas de la siesta íbamos con los chicos a ver el paso del convoy que constaba de una locomotora a vapor, su tender, el vagón de mercancías y correo, y uno o dos coches de pasajeros.
Diez minutos antes del arribo veíamos el movimiento del personal ferroviario: el telégrafo repicaba insistentemente, el guardagujas bajaba la señal de acceso a la estación, y verificaba los cambios de vías, el jefe tañía la campana, con lo que preanunciaba la llegada en horario del tren.
La gente en el andén aguardaba ansiosa a algún familiar que había anunciado su llegada y los comerciantes esperaban los pedidos que habían efectuados a los mayoristas de la metrópolis. Para mi padre, el farmacéutico del pueblo, llegaban los jabones Manuelita, las colonias y perfumes en grandes cajas de cartón o madera, que luego transportábamos a la farmacia.
Pero los chicos esperábamos el desembarco de los rollos de película que semanalmente nos proveían de entretenimiento y recreo en las funciones de viernes y domingo los dos cines con que contaba ese pueblo.
Llegaban entonces cuatro bolsas de lona atadas y precintadas con alguna etiqueta donde informaba el nombre de la película de su interior, que tratábamos de descifrar pues la letra era muy confusa. Películas nacionales de los años cincuenta y algunas extranjeras de vaqueros o gángsteres eran las que habitualmente enviaban las distribuidoras cinematográficas a la consideración de las gentes del pueblo.
La rechinante y vaporosa locomotora, luego de una estadía de cinco minutos, hacía rechiflar el silbato anunciando su partida y lentamente el tren dejaba la estación. A veces colocábamos una moneda en el riel y luego que el tren la pisara, recogíamos un medallón de aspecto similar a una condecoración.
En pocos días más se repetiría el episodio a pesar del calcinante calor del verano que hacía a los caminos de tierra inmensos arenales solo aptos para conductores expertos y de las lluvias del invierno que los tornaba en lodazales y lagunas intransitables: las vías en terraplén eran el constante vínculo de ese pueblo comunicándolo con otras comunidades.

Phil
Domingo, 11 de Agosto de 2002